Es absurdo escribir a partir del dolor. La verdad de las cosas es que nunca tendré una entrada del todo feliz, pues mi inspiración se alimenta de espasmos del alma, de sal, de impulsos parasimpáticos.
Siento una cañería rota, un derrame interno, escribo para coagular. Me enferma no poder enfrentarme al amor con confianza. Me vuelve azul petróleo, viscosa, lenta, densa.
Me aterra ser ingenua y sé que lo seré. Me duele el hecho de que nunca he de aprender que uno ama sólo para perder después.
En cada ciclo empeño mi palabra, mi voluntad, mis fuerzas, mis sentidos, mis venas, mi calor, la pasión. Arrancan sin retorno, sin vuelta, sin ninguna retribución en mis manos lisas, aquellas que dejan escapar los cabos ya desatados de lo que fue un amor.
Nunca he de aprender y sigo aterrizando en este mausoleo que conserva algunas de las 9 vidas de mi alma. Y sigo escribiendo para coagular.