lunes, 9 de junio de 2014
los ojos nada.
Creerme mejor de lo que soy, tratar de elevar a mi mente imágenes como la de mi cuerpo barriendo la mediocridad bajo una alfombra. Lo miserable que se es al ver que se cierran las paredes frente a tu espasmo emocional. Los pensamientos tendenciados que provocan los angulos al inclinar la cabeza, lo increible que se ven los pies en mi ensimismado. Lo difícil de escribir un par de líneas al recordar que revivo los colores de un puerto enamorado. El frío en mis manos no lo provoca esa nieve de las montañas. Fijarte cómo se van los pasos delante tuyo y sin chistar. Seguir al borde de la cama y ya no estrecharte en ella.
lunes, 24 de marzo de 2014
qué
Entre tantas cosas que quiero hacer, me planta en una esquina la agenda y el reloj.
Al parecer tengo una miopía Dalista (de Dalí) que derrite vorazmente lo que quiero ver. Mi mirada pocas veces parece proyectar algo, otras ni siquiera enfoca. ¿o En Foca?
Dicen que soy sorda y puede ser que les crea, porque mis pensamientos hacen mucho escándalo. ¿Por qué a esas flores las llamaron pensamiento?
Las pupilas están ahí porque ahí las pusieron, pero en verdad estoy mirando pa dentro.
Al parecer tengo una miopía Dalista (de Dalí) que derrite vorazmente lo que quiero ver. Mi mirada pocas veces parece proyectar algo, otras ni siquiera enfoca. ¿o En Foca?
Dicen que soy sorda y puede ser que les crea, porque mis pensamientos hacen mucho escándalo. ¿Por qué a esas flores las llamaron pensamiento?
Las pupilas están ahí porque ahí las pusieron, pero en verdad estoy mirando pa dentro.
miércoles, 5 de febrero de 2014
el brazo.
Iba caminando por el centro con su madre. Como de costumbre, como sucede en pueblo chico, se provoca un encuentro con cierta señora conocida.
Luisa contemplaba todo, con una gran sonrisa falsa. Por desgracia, se entabla una animada conversación entre madre y mujer ruidosa, excesivamente expresiva, en medio de la vereda. En medio del mundo. En medio del universo. En medio de la impaciencia de Luisa y su odiosidad.
Era la tía Rebeca, dueña de casa, madre, apoderada de cursos. Más de lo mismo. Era todo más de lo mismo, hasta que en una efusiva muestra de nostalgia, Rebeca toma el brazo a Luisa. Se detiene el tiempo. Las pupilas dilatadas de Luisa se pasman sobre ese gesto, ese contacto físico, ese secuestro de su extremidad por esas manos arrugadas con anillos y pulseras. Brazo arbitrariamente apresado por un par de segundos, que para Luisa fueron eternos.
¡¡Dios mío, qué infernal!!. Compresión de dientes, respiración exaltada y alma chacreada.
Retiró el brazo y se escondió en la cómoda, tibia y segura espalda de mamá. Se sentía una niña de 5 años queriendo invisibilizarse. Qué vulnerable fue.
En ese momento comprendió cuánto odia el contacto físico. Quizá tenga que ver con el rechazo que experimenta al sentirse humana.
Segunda reflexión: en verdad no es que odie todo contacto físico, menos aquél que le hace sentir más animal.
Luisa contemplaba todo, con una gran sonrisa falsa. Por desgracia, se entabla una animada conversación entre madre y mujer ruidosa, excesivamente expresiva, en medio de la vereda. En medio del mundo. En medio del universo. En medio de la impaciencia de Luisa y su odiosidad.
Era la tía Rebeca, dueña de casa, madre, apoderada de cursos. Más de lo mismo. Era todo más de lo mismo, hasta que en una efusiva muestra de nostalgia, Rebeca toma el brazo a Luisa. Se detiene el tiempo. Las pupilas dilatadas de Luisa se pasman sobre ese gesto, ese contacto físico, ese secuestro de su extremidad por esas manos arrugadas con anillos y pulseras. Brazo arbitrariamente apresado por un par de segundos, que para Luisa fueron eternos.
¡¡Dios mío, qué infernal!!. Compresión de dientes, respiración exaltada y alma chacreada.
Retiró el brazo y se escondió en la cómoda, tibia y segura espalda de mamá. Se sentía una niña de 5 años queriendo invisibilizarse. Qué vulnerable fue.
En ese momento comprendió cuánto odia el contacto físico. Quizá tenga que ver con el rechazo que experimenta al sentirse humana.
Segunda reflexión: en verdad no es que odie todo contacto físico, menos aquél que le hace sentir más animal.
instant crush
La Luisa de nuevo se rayó con otra canción. Se repite, se repite, se repite y se repite, pero no la cansa. Es peor, cada vez le gusta más, pero como es una canción en inglés no le cacha mucho la letra. Después de escucharla tanto, decidió buscarla en una página de internet y la encontró. La leyó y ahí se quedó pegada, viendo cómo la música de nuevo se le metió por los nervios y llegó hasta el hipotálamo, haciendo conexiones con lo que sentía. La música, en su nebulosa verbal, se le enredó en el corazón en un lenguaje universal que sólo sus instintos le captaron. En fin, siguió reproduciendo el mismo video de youtube unas quinientas veces más.
martes, 4 de febrero de 2014
Podrida.
Me convenzo y me des-convenzo de mis ideas muy frecuentemente.
Suelo refutarme el pensamiento de que cada uno tiene un destino determinado: ser enamoradiza, ser más independiente, dependiente; no es cosa de venir con una tarjeta integrada que te demande ser así. Me dispongo a mi misma que son cuestiones que uno decide mientras vives no más, que Dios o Sin Dios no tiene nada que ver con eso, que es injusto.
Pero soy dispersa y quizá este texto también lo sea. Entonces llega otra estación del año y me contradigo completamente.
Sí, estamos predeterminados. Me basta ver a un puñado de pequeños ejemplares que, horripilantemente, me convencen desde su más tierna edad.
Me miro a mi misma. Siempre he estado envuelta en amoríos e historias rosadas medias podridas. Decidí parar con la weaita. Me convertí en la niña independiente y feliz (no me quiero referir a mi como "mujer", siento que soy muy adolescente pa' eso) y me preocupo de mi y nada más. Me convencí de eso por mucho rato. Pero aquí estoy de nuevo, pensando que estoy destinada a las historias rosadas manchadas. Y no es que tenga una, sino que me hace falta una.
Voy a apagar la tele un rato.
Suelo refutarme el pensamiento de que cada uno tiene un destino determinado: ser enamoradiza, ser más independiente, dependiente; no es cosa de venir con una tarjeta integrada que te demande ser así. Me dispongo a mi misma que son cuestiones que uno decide mientras vives no más, que Dios o Sin Dios no tiene nada que ver con eso, que es injusto.
Pero soy dispersa y quizá este texto también lo sea. Entonces llega otra estación del año y me contradigo completamente.
Sí, estamos predeterminados. Me basta ver a un puñado de pequeños ejemplares que, horripilantemente, me convencen desde su más tierna edad.
Me miro a mi misma. Siempre he estado envuelta en amoríos e historias rosadas medias podridas. Decidí parar con la weaita. Me convertí en la niña independiente y feliz (no me quiero referir a mi como "mujer", siento que soy muy adolescente pa' eso) y me preocupo de mi y nada más. Me convencí de eso por mucho rato. Pero aquí estoy de nuevo, pensando que estoy destinada a las historias rosadas manchadas. Y no es que tenga una, sino que me hace falta una.
Voy a apagar la tele un rato.
lunes, 20 de enero de 2014
hacerle
Luisa estaba sentada en una cuneta, arrugando la frente por culpa del sol que todavía no quería bajar de las alturas. Los ojitos rojos por la marihuana ya no se notaban porque insistía en expulsar lagrimones dolorosos. Solita había caminado hasta allá pa ver el puerto. Era un fin de semana y no había nadie, sólo las gaviotas que se esmeran tanto en gritar. Tanta sal que derretía por los ojos que no había nada que envidiarle al mar. El día estaba azul como sus manos en el invierno. Prendió un cigarro y se voló más. Se volvió difícil la situación, porque ya no sabía si escuchaba el corazón por dentro o por fuera. Estaba furioso y fracturado. Sus emociones y su alma estaban alteradas. Ya no sabía si tirar con él o hacerle el amor.
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